Sinopsis
Agachado sobre una inmensa piedra que corta al río Magdalena, un hombrecito fuma su tabaco con tranquilidad. Espera a las mujeres que vienen a lavar ropa. A pesar de la maraña de cabello que cubre todo su cuerpo, de su larga barba y de sus lagas uñas de los pies, el Mohán es un seductor temible. Las mujeres saben que tarde o tremprano, él puede llegar a llevárselas a su mansión, ese palacio en oro que tiene en el fondo del río. Las que cuentan con suerte volverán embarazadas al pueblo. Las demás desaparecerán.
De vez en cuando el río escupe sus cuerpos.
Los pescadores lo respetan. El Mohán se divierte impidiéndoles su trabajo: nudos en las atarayas, pescados que se convierten en latas de cerveza, gritos que hacen huir y,sobretodo, la muerte cuando el pescador baja a desenredar su red. Para ganárselo, algunos dejan hojas de tabaco, sal o instrumentos de música sobre las piedras . Para poder pescar amarran a sus redes un pedazo de cobre que le recuerda que alguna vez fue vencido por un hombre que le pusó un bozal en el mismo material.
Pero desde hace un tiempo, el Mohán casi no sale. Los jóvenes pescadores no hablan más de él. Los hijos del mohán no se ven más en los bordes. El Mohán se encerró en su palacio. En nuestros días, la gente tiene más miedo a los vivos. Desde la llegada de los muchahos, incluso al Diablo le ha tocado huir.
Y sin embargo, el Magdalena no para de llevar muertos en sus entrañas.