II. Los abrazos del río (proyecto en producción)

“Tenía muchas alhajas en los dedos que brillaban en la inmensidad de las aguas. Habitaba un magnífico palacio construido de oro puro, en las moyas profundas, en los remolinos tenebrosos. Los dominios del Mohán no tenían fin. En sus salones se oía un continuo murmullo, una monótona música hipnótica. Su mirada era maléfica y sus persecuciones muy funestas.”